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En el lugar de Dios

Dr. Hugo Córdova Quero

Hugo Córdova Quero es director de educación en línea y profesor visitante visitante de teorías críticas y teologías queer en la escuela Starr King School, Graduate Theological Union. Ph.D. en Estudios Interdisciplinarios en Religión, Migración y Estudios Étnicos y Maestría en Teología Sistemática y Teorías Críticas (Feminista, Queer y Postcolonial), ambos de la Graduate Theological Union en Berkeley, California.

4 de August de 2020

«―Maestro —intervino Juan—, vimos a un hombre que expulsaba demonios en tu nombre; pero, como no anda con nosotros, tratamos de impedírselo. ―No se lo impidan —les replicó Jesús—, porque el que no está contra ustedes está a favor de ustedes».
Lucas 9.49-50


Seguir el mensaje de Jesús no necesariamente implica una adhesión a organizaciones o instituciones religiosas. Las Iglesias Cristianas existen para que las personas que profesan el cristianismo se nutran espiritualmente y luego puedan vivir su fe en medio del mundo que les rodea.

La función de las Iglesias Cristianas no es ser un objetivo en sí mismas sino un canal para que las personas puedan conectarse con el amor de Dios. Podrían dejar de existir todas las Iglesias y el mensaje de Jesús continuaría atrayendo a personas. Precisamente esto es lo que Jesús trata de decirle a sus discípulxs.

Sabemos que para el momento en que los 4 evangelios canónicos fueron puestos por escrito —pues hay otros 56 Evangelios que por cuestiones políticas del cristianismo no llegaron a entrar en la Biblia Cristiana—, los sucesos políticos de la época también fueron puestos dentro de la narrativa de los mismos. El contexto del texto de hoy es precisamente la pregunta solapada sobre si otras Iglesias Cristianas que no adherían al proyecto de lxs discípulxs más cercanos a Jesús podían no solo existir sino si también tenían el derecho de ser llamadas cristianas. Jesús es radical y categórico en su respuesta, siempre de acuerdo al testimonio de la comunidad de Lucas: «el que no está contra ustedes está a favor de ustedes» (v. 50). No hay vueltas al respecto.

Recordemos que había comunidades más fuertes que otras. Por un lado, tenemos a Pablo quien sostenía el poder del mundo no-judío. Es conocido en la historia como «el gran apóstol de lxs gentiles», es decir, de quienes no tenían ascendencia judía. Por otro lado, tenemos a Pedro, «el gran apóstol entre los judíos», de quien dependían muchas de las comunidades en Asia menor. Sin embargo, tenemos otras comunidades que de alguna manera fueron fuertes también y que fueron muchas de ellas absorbidas por las comunidades petrinas o paulinas mientras que otras simplemente desaparecieron. Las comunidades de Juan, el discípulo amado, de María Magdalena, de Jacobo, de Andrés, de Felipe, entre otras, también eran parte de ese cristianismo.

Es sobre estas comunidades que lxs discípulxs se preguntan si debían impedirles ser llamadas comunidades cristianas. La respuesta de Jesús echa por tierra esa discusión que, sin embargo, se dio en la Iglesia Primitiva y fue empujando al cristianismo a abandonar la diversidad en pos de una homogeneidad apostólica moldeada por Pedro y Pablo.

El texto de hoy dice que quien hace la declaración es «Juan» pero las palabras de Jesús están narradas por la comunidad de Lucas. Eso muesta ya la disputa entra las comunidades de Lucas y las comunidades de Juan. Incluso sabemos que María Magdalena, apóstol entre lxs apóstoles por haber sido la primera testiga de la resurrección, fue dejada de lado.

La tradición dice que terminó sus días como anciana bajo el cuidado de Éfeso bajo el cuidado del Apóstol Juan, el discípulo amado, quien también había tomado el cuidado de María, la Virgen madre de Jesús (Jn 19.26-27).

De acuerdo al texto de hoy, seguir el proyecto de Jesús no da derechos adquiridos de impedir a otras personas seguir esta fe. Eso no solo es incorrecto sino también contradictorio: Estamos llamadxs como personas de fe a invitar a otras personas a seguir el mensaje de Jesús de un proyecto de justicia, equidad, paz y solidaridad . Si se lo impedimos, ¿no estamos traicionando nuestra razón de ser seguidorxs del Maestro?

En el mundo contemporáneo en que vivimos este es uno de los mayores flagelos que enfrenta el cristianismo como religión, y que ha hecho que muchas personas salgan de las Iglesias Cristianas o que se identifiquen como «Jesuanxs», es decir, como seguidores de Jesús. Muchas personas dentro de la Iglesia Católica Romana quieren impedir que otras personas sigan a Jesús de un modo diferente a lo que dice el Papa. Grupos fundamentalistas evangélicos también quieren impedir que otras personas sigan a Jesús de un modo diferente a lo que dicen (neo)Apóstoles y teleevangelistas. Grupos más ortodoxos dentro del cristianismo establecen reglas estrictas de lo que se puede o no hacer como seguidores de Jesús. ¿No es eso el ejercicio de la misma declaración de lxs discípulxs: «tratamos de impedírselo? Convengamos que cuando se fijan reglas de juego estrictas, siempre quedaran personas fuera del mismo. Esto es lo que sucede cuando se quiere legislar quien puede o no seguir a Jesús.

El cristianismo o cualquier fe no es simplemente un conjunto de reglas a seguir o dejar de respetar, sino que implica una esperanza de vida aquí y, muchas veces, en el más allá. Es a personas como a nosotrxs que Jesús nos dice: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes está a favor de ustedes». ¿Estamos dispuestxs a escuchar estas palabras de Jesús? ¿O nos pondremos nosotrxs en el lugar de Dios para legislar el movimiento de Jesús de acuerdo a nuestros propios caprichos?

Yo siento muy profundamente que vivimos un tiempo en el que Dios está finalmente revelando lo que ha ido preparando por generaciones. Como persona de fe y como parte de la Iglesia Antigua de las Américas, quisiera siempre estar del lado de Jesús haciendo todo lo posible para que su proyecto se concrete. Me dolería estar frente al Maestro al final de mis días y observar que fui el palo en la rueda que detiene el proyecto de Dios. Al salir hoy al mundo, invitemos a las personas a seguir el mensaje de Jesús. No seamos la primera traba y el primer obstáculo para que una persona se quede sin recibir el amor de Dios.


Maestro, concédenos sabiduría para no ser obstáculo en el camino de otras personas que quieran acceder a tu amor. Líbranos del deseo de legislar y dominar a otras personas. Que seamos embajadorxs de ese amor. En tu nombre lo pedimos y agradecemos. Amén.


Hugo Córdova Quero

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