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Salvación gratuita

Dr. Hugo Córdova Quero

Hugo Córdova Quero es director de educación en línea y profesor visitante visitante de teorías críticas y teologías queer en la escuela Starr King School, Graduate Theological Union. Ph.D. en Estudios Interdisciplinarios en Religión, Migración y Estudios Étnicos y Maestría en Teología Sistemática y Teorías Críticas (Feminista, Queer y Postcolonial), ambos de la Graduate Theological Union en Berkeley, California.

29 de July de 2020

«Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad, y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo».

Tito 3.4-5

El texto de hoy está extractado de la Carta a Tito, un breve escrito de Pablo enviada desde Nicópolis a Creta. Allí, el mismo Pablo había puesto a Tito como Obispo en la Iglesia. A diferencia de otras Cartas, cuando Pablo escribió la Carta a Tito no estaba preso sino pasando el invierno en Nicópolis (Tit 3.12) y le pide a Tito que le visite. Nicópolis era una ciudad en golfo de Ambracia que fue muy importante en el cristianismo. No solo porque allí se estableció Pablo por un tiempo sino porque —a partir de esta fundación apostólica— se desarrolló una comunidad cristiana importante. Por ejemplo, allí nació el Papa Eleuterio en el siglo II E.C., uno de los primeros pontífices originarios de la parte griega del Imperio Romano. También Orígenes de Alejandría visitó a la comunidad cristiana de Nicópolis en la primera mitad del siglo III E.C., y allí descubrió un traducción griega inusual de la Biblia Hebrea. Por otro lado, Creta es la isla más grande de Grecia que fue el centro de la civilización minoica (2700-1420 A.E.C.), considerada una de las más antiguas civilizaciones antiguas.

La comunidad de Creta fue fundada por Pablo y sus discípulxs por casualidad. Cuando iban para Roma, gran tormenta en el mar les forzó a que llegaron a Creta, en Buenos Puertos, según lo contado en Hechos de los Apóstoles 27. Pablo después de quedar libre de su primera prisión en Roma, volvió a Creta. Es allí cuando prepara a su discípulo Tito —de origen griego cretense— y lo deja a cargo de toda la iglesia cristiana de la isla. En épocas de Tito, el cristianismo en la isla de Creta encontró fuerte resistencia, sobretodo de los judíos. El propósito de la carta es aconsejar a Tito sobre ciertas dificultades que se presentaban en la comunidad de Creta. Una cuestión importante es que el texto en griego utiliza la palabra episkopos [obispos] para designar a quienes son llamados en algunas traducciones como presbyteroi [ancianos]. Es que en la Iglesia Apostólica, los títulos eclesiales eran intecambiables. No había una jerarquía como la conocemos hoy —Obispxs, Presbíterxs, Diáconxs, Ancianxs, Pastorxs— sino que estos títulos eran usados indistintamente para la misma función. Esto se diferenciaba de lxs Apóstolxs, quien sí era consideradxs como figura de autoridad sobre Obispxs, Presbíterxs, Diáconxs, Ancianxs y Pastorxs. Debido a esto, el hecho de que Tito sea «Obispo» no puede ser entendido como el episcopado ya jerárquico que se desarrolla en el siglo II E.C.

Decía que los problemas emergidos en la comunidad tenían que ver con cuestiones de doctrina concerniente a la salvación. Es que desde que el cristianismo comenzó a vivir su fe luego de la resurrección de Jesús ha habido sectores que buscan establecer un sistema de «premios y castigos» en el que una persona creyente debe hacer ciertas cosas para ser salva y no hacer otras para no perder la salvación. Eso es, simplemente, una doctrina errónea. La salvación ni se pierde ni depende de nuestras obras. Es un acto exclusivo de Dios hecho una vez y para siempre. Sino, estaríamos ante la presencia de un Dios inestable, que cambia de parecer cada día de acuerdo a caprichos humanos. Dios no es humano, Dios es la Divinidad, diferente a cómo la humanidad entiende los misterios de la existencia. Así lo afirma Pablo: «Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad, y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó» (v. 4-5). Pablo —como el resto de las comunidades que escribieron la Biblia Cristiana— es muy claro que la salvación no depende de obras. En su famoso texto de Romanos 8.1-2 dice: «Así pues, ahora ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu que da vida en Cristo Jesús, te liberó de la ley del pecado y de la muerte». ¡Tan simple como eso! A menudo escucho personas decir «Dios castiga y no se le ve la vara» o «Dios te vigila y te va a castigar». Si la imagen que tenemos de Dios es de alguien violento y castigador, creo que deberíamos reconsiderar si verdaderamente hemos conocido a Dios. Dios no es violento o castigador, sino un Dios amoroso (1 Jn 4.8). Un Dios que nos acompaña a vivir la Vita christiana [la vida cristiana] en nuestro tiempo y contexto en el discipulado, es decir, el seguimiento de Jesús en el poder del Espíritu Santo. Esas teologías castigadoras, que dan miedo y que solo buscan responder a Dios por temor no son teologías emanadas del euangelio —el mensaje de Jesús— sino de nuestros deseos de controlar a otras personas usando como excusa a Dios.

Me pregunto cómo hoy tratamos como cristianos con el seguimiento de Jesús en nuestro propio tiempo. La pregunta que me viene a la mente desde hace mucho tiempo es: como persona de fe, parte de la diversidad sexo-genérica, que fue muchas veces in/migrante, como latinoamericano, como varón cis-género, educado en la clase media, entre otras cosas, ¿Qué implica para mí ser seguidor de Jesús? ¿Hay algo diferente para vivir mi vida de fe que vivir sin ella? ¿O todo es igual? Creo que la respuesta la dice Pablo: «por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo» (v. 5). Quienes dicen «no estoy bien con Dios» o «estoy en pecado» minimizan e insultan el acto gratuito de Dios de «ya» habernos salvado. No seamos ingratxs con Dios: ¡Vivamos la fe confiando en que su salvación es firme de una vez y para siempre!

Maestro, gracias porque sabemos que nuestro destino eterno está en tus manos y ya ha sido decidido por tu amor. No permitas que «falsas doctrinas» de culpabilidad y temor nos hagan dudar de tu obra. Ayúdanos a vivir esa nueva vida en el Espíritu Santo y que podemos encarnar tu mensaje. En tu nombre lo pedimos y agradecemos. Amén.

Dr. Hugo Córdova Quero

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